Conceptos para el Fomento al reciclaje

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Muchos ya saben que en junio de 2016 se publicó la Ley 20.920 que hará que el mercado del reciclaje mejore pero existe una diversidad de conceptos que aun se discuten y pueden hacer de este impulso algo extraordinario o algo mal pensado.

 

El Mundo Industrial y el domiciliario:
El mundo industrial, ha sido atendido durante muchos años por plantas recicladoras que de alguna u otra forma valorizan sus desechos evitando su disposición final. Por décadas, el servicio que prestan las plantas de reciclaje a la industria se ha fortalecido a tal punto que actualmente son simplemente indispensables. Hoy en día la Industria no concibe nuevos proyectos sin tener un aliado en reciclaje, pues forma parte integrante de sus procesos. Como ejemplo de esto podemos mencionar que la industria de papel y cartón recicla sobre un 80% de sus mermas.
Por otra parte, tenemos el mundo Domiciliario, que por el contrario al industrial, ha sido lamentablemente desatendido en materia de reciclaje. Casas, condominios, edificios, zonas públicas que generan miles de toneladas de residuos potencialmente valorizables, son testigos de un sistema inmaduro en términos de conciencia medioambiental.

Es justamente en este último punto, en el que debemos agotar todos los esfuerzos por generar un cambio. Estimaciones nos indican que más del 40% de los residuos domiciliarios son potencialmente reciclables y por su puesto valorizables. 

Por lo anterior, sabemos que el gran foco debe estar en el reciclaje domiciliario con separación en origen, en donde los residuos no estén contaminados o mezclados con materia orgánica, permitiendo así que nuestras empresas recicladoras puedan valorizar de forma eficiente y efectiva. 

La inversión debe concentrarse ciertamente en nuevas tecnologías de selección en origen, traslado automatizado y separación secundaria mínima, que nos permitan eliminar de nuestro vocabulario el concepto de RESIDUO, logrando reemplazarlo, idealmente desde su origen, por PRODUCTO RECICLABLE.

Es precisamente en este punto donde se puede cumplir el objetivo número uno de la ley: Disminuir las toneladas en vertederos y aumentar las tasas de reciclaje.

Sin duda la educación y todos los esfuerzos para producir un cambio cultural en la ciudadanía serán vitales para lograr buenos resultados. Tenemos el deber de sembrar conciencia en las nuevas generaciones para que éstas mismas presencien el resultado en años posteriores.

También el facilitar y promover cambios esenciales en las normativas de construcción y ordenanzas municipales serán una herramienta que permitirá el manejo de los residuos domiciliarios. Es nuestra obligación fomentar futuras construcciones medioambientalmente amigables, las cuales cuenten por ejemplo con ductos segregados y salas de reciclaje.

Ahora bien, todo lo anterior requiere la sintonía de muchos y diversos actores. 

En este aspecto  el motor fundamental debe ser el respeto al libre comercio en donde la creatividad, el emprendimiento, la competencia y la innovación sean indudablemente mejores respuestas que modelos monopólicos, dominantes y poco transparentes.

Debemos evitar transitar por modelos caducos para llegar a la libre competencia. Está comprobado que el mayor perjudicado en estas transiciones es inevitablemente el usuario final, quién finalmente termina financiando el sistema mediante impuestos y ecotasas. En este preciso momento, estamos frente a la posibilidad de crear un sistema basado en una economía circular eficiente, lo cual lograremos únicamente uniendo esfuerzos, compartiendo experiencia y sobre todo velando por incluir a cada uno de los actores esenciales de la cadena.

Conocidas son las dificultades por las cuales pasaron España y Alemania de camino hacia la cultura del reciclaje. Hemos visto como muchos proyectos innovadores fracasaron debido a una implementación inadecuada y por su puesto por no tener ejemplos anteriores.

Las experiencias vividas en la transición de una cultura de la basura hacia la valorización, nos dan la oportunidad de aprender y no cometer los mismos errores.

Visión de largo plazo:
Un desafío importantísimo es entender que este proceso debe ser gradual y que los resultados no serán inmediatos. Los objetivos deben fundarse en una visión de largo plazo, evitando que presiones políticas y burocráticas entorpezcan su avance, para que probablemente no antes de dos décadas presenciemos recién índices razonables de sustentabilidad y reciclaje.

Cultura de administración municipal
Justamente en la determinación de objetivos, para lograrlos debemos plantearnos desafíos, entre los cuales uno muy importante tiene que ver con lograr un quiebre en la forma de pensar de algunas municipalidades y operadores de recolección de residuos domiciliarios. 

Creemos que los municipios deben participar progresiva y obligatoriamente en la separación en origen. Desde sus inicios los contratos de servicio de transporte de basura municipal domiciliaria, han impedido la separación en origen. Cuando éstos sean renovados debería incluirse obligatoriamente el concepto de separación en origen. Así, los productos reciclables podrán ser retirados por otras empresas, ya sea recicladoras industriales, recicladoras de base u otras que tengan como objetivo la valorización.

Los industriales del reciclaje cuentan con el potencial y la capacidad para aumentar los volúmenes procesados, pero se requiere que existan residuos sólidos separados de la basura antes que se contaminen.

Asegurar la equidad y la libre competencia:
La posibilidad de que las municipalidades perpetúen su dominio recolector es aterrador, por lo demás muy cuestionado en medios de prensa debido a las formas poco adecuadas y transparentes usadas para bloquear la entrada de nuevos actores, pero más aún nos preocupa las acciones validadas por el Ministerio de Medio Ambiente que justamente les permiten ampliar su concentración de dominio al pre-tratamiento de residuos.

En especial, cuando el Ministerio de Medio Ambiente crea el Fondo del Reciclaje para que municipalidades postulen a éstos sin concurso público y además desarrolla una línea de financiamiento con el fin de subsidiar el pre-tratamiento,  lo que genera una puerta de entrada para atentar directamente contra la libre competencia.

Lo anterior se fundamenta dado que los sistemas de gestión podrán realizar convenios de recolección con las municipalidades sin licitación pública, lo cual está validado por la ley recientemente aprobada. Adicionalmente un reglamento podrá subsidiar la integración vertical de municipalidades en el pre-tratamiento, es decir, hoy lo son en recolección y mañana se integrarán al pre-tratamiento, lo cual no deja en igualdad de condiciones al resto de los actores.

Sistemas de inteligencia:
Por otro lado esta nueva cadena de valorización no solo requerirá de nueva tecnología, educación, cultura o mercados competitivos, sino también de sistemas de inteligencia e información que puedan recolectar datos trazables sin burocracia obstructiva, de acceso fácil, con gran interacción y por supuesto que no generen gran trabajo manual a las empresas destinatarias de residuos. 

Un sistema de esta índole debiera destacarse por tener una plataforma robusta, lógica, inteligente y que valide datos automáticamente haciendo que la experiencia del usuario sea eficiente, simple y automatizada.  Entidades como Servicio de Impuestos internos, Ministerios de Medio Ambiente, Salud, Economía incluso Aduanas y Policía de Investigaciones, debieran cruzar información universal para permitir una trazabilidad y fiscalización inteligente. 

Hoy en día aún sigue siendo muy complejo que un destinatario autorizado de residuos, que recibe cientos de ingresos al día sea capaz de declarar de forma expedita.

La Formalidad debe ser un beneficio:
Una misión fundamental es asegurar que la formalidad constituya un beneficio para las empresas y no una obstrucción como lo está siendo en muchos casos.

Ser formal implica respetar sin excepción las normas en todo ámbito, ya sean medioambientales, sanitarias, sociales, tributarias, contractuales y en general de buenas prácticas comerciales que respetan por sobre todo, la palabra. Sin embargo, quienes lo han experimentado, también saben que para lograrlo se requiere de un tremendo esfuerzo y de grandes inversiones económicas y de tiempo.

No se puede permitir que quienes dicen llamarse empresas y que trabajan en la informalidad, tengan evidentes ventajas comparativas y competitivas frente a los formales. Para quienes operan actualmente en esta industria, no es nuevo encontrarse con competencia desleal, que en muchos casos opera de forma casi clandestina e incluso fraudulenta.

Por lo anterior, las autoridades deben fiscalizar severamente a quienes no cumplen para así generar barreras de entrada a la competencia desleal.

Debemos proteger y fortalecer a las industrias formales, logrando que el sector sea aún más atractivo para la inversión.